Se acerca dolorosa crisis del Papado

La renuncia del Papa Benedicto XVI nos aproxima directamente al mayor cisma que haya existido en la Iglesia Católica. Profecías de la Biblia y revelaciones privadas nos dan a conocer que un antipapa no elegido de forma lícita se enfrentará a un Papa electo de manera legítima. Esa división provocará que la Iglesia se divida en una dolorosa lucha de cardenales contra cardenales, obispos contra obispos, sacerdotes contra sacerdotes, ocasionando en los fieles la confusión y el encono. La revelación más antigua e importante es la de San Francisco de Asís: “Habrá un Papa electo no canónicamente que causará un gran cisma. Se predicarán diversas formas de pensar que causarán que muchos duden, aún aquellos en las distintas órdenes religiosas, hasta estar de acuerdo con aquellos herejes que causarán que mi Iglesia se divida. Entonces habrá tales disensiones y persecuciones a nivel universal que si esos días no se acortaran, aún los elegidos se perderían”. La beata Ana Catlina Emmerick, religiosa Agustina, escribió en 1820: “Vi una fuerte oposición entre dos Papas, y vi cuan funestas serán las consecuencias de la falsa iglesia, vi que la Iglesia de Pedro será socavada por el plan de una secta. Cuando esté cerca el reino del Anticristo, aparecerá una religión falsa que estará contra la unidad de Dios y de su Iglesia. Esto causará el cisma más grande que se haya visto en el mundo”. Posteriormente al cisma, el Papa legítimo se verá obligado a huir de Roma en medio de una situación calamitosa, mientras que el antipapa se quedará gobernando desde la Sede de Pedro. En 1909, el Papa San Pío X confió a su secretario particular y a otros eclesiásticos cercanos una revelación muy especial: “He tenido una visión terrible: no sé si seré yo o uno de mis sucesores, pero vi a un Papa huyendo de Roma entre los cadáveres de sus hermanos. Él se refugiará incógnito en alguna parte y después de breve tiempo morirá una muerte cruel”. Ese acontecimiento, que aún no ha sucedido, coincide casi literalmente con el contenido de la visión que tuvieron los niños de Fátima en 1917. A ellos, la Virgen María les mostró la escena de un obispo vestido de blanco huyendo de una ciudad en ruinas, sobre los cadáveres de muchos sacerdotes y laicos, para posteriormente ser asesinado. Sin embargo, la explicación que la Virgen les dio a los niños acerca de esa visión, se refiere al cisma en la Iglesia. En palabras del Cardenal Luigi Ciappi, teólogo personal del Papa Juan Pablo II: “El Tercer Secreto se refiere a que la pérdida de la fe en la Iglesia, es decir, la apostasía, saldrá de la cúspide de la Iglesia”. Y en palabras del P. Paul Kramer, “El antipapa y sus colaboradores apóstatas serán, como dijo la Hermana Lucía, partidarios del demonio, los que trabajarán para el mal sin tener miedo de nada”. Nicolas de Fluh, en el siglo XV, escribió: “El Papa con sus cardenales tendrá que huir de Roma en situación calamitosa a un lugar donde serán desconocidos. El Papa morirá de manera atroz durante su destierro. Los sufrimientos de la Iglesia serán mayores que cualquier momento histórico previo”. El venerable Bartolomé Holzhauser, fundador de las sociedades de clérigos seculares en el Siglo XVIII: “Dios permitirá un gran mal contra su Iglesia: vendrán súbita e inesperadamente irrumpiendo mientras obispos y sacerdotes estén durmiendo. Entrarán en Italia y devastarán Roma, quemarán iglesias y destruirán todo”. Las palabras de la Virgen reveladas en La Salette a Melania: “Roma perderá la fe, y se convertirá en la sede del Anticristo”. La revelación recibida por la Madre Elena Aiello, famosa estigmatizada que fuera consultada con frecuencia por el Papa Pio XII: “Italia será sacudida por una gran revolución (…) Rusia se impondrá sobre las naciones, de manera especial sobre Italia, y elevará la bandera roja sobre la cúpula de San Pedro”. Elena Leonardi, asistida espiritual del Padre Pio: “El Vaticano será invadido por revolucionarios comunistas. Traicionarán al Papa. Italia sufrirá una gran revuelta y será purificada por una gran revolución. Rusia marchará sobre Roma y el Papa correrá un grave peligro”. Enzo Alocci: “El Papa desaparecerá temporalmente y esto ocurrirá cuando haya una revolución en Italia”. La Beata Ana María Taigi: “La religión será perseguida y los sacerdotes masacrados. El Santo Padre se verá obligado a salir de Roma”. La mística María Steiner: “La santa Iglesia será perseguida, Roma estará sin pastor”. Las revelaciones en Garabandal: “El Papa no podrá estar en Roma, se le perseguirá y tendrá que esconderse”. El P. Stefano Gobbi, místico y fundador del Movimiento Mariano Sacerdotal, recibió de la Virgen María esta revelación: “Las fuerzas masónicas han entrado a la Iglesia de manera disimulada y oculta, y han establecido su cuartel general en el mismo lugar donde vive y trabaja el Vicario de mi Hijo Jesús. Se está realizando cuanto está contenido en la Tercera parte de mi mensaje, que aún no ha sido revelado, pero que ya se ha vuelto patente por los mismos sucesos que estáis viviendo”. También están las palabras de Juan de Vitiguero, en el Siglo XIII: “Cuando el mundo se encuentre perturbado, el Papa cambiará de residencia”. De Juan de Rocapartida, un siglo después: “Al acercarse el Fin de los Tiempos, el Papa y sus cardenales habrán de huir de Roma en trágicas consecuencias hacia un lugar donde permanecerán sin ser reconocidos, y el Papa sufrirá una muerte cruel en el exilio”. La revelación sobre los Papas que tuvo el santo obispo irlandés San Malaquías, sugieren que será el sucesor de Benedicto XVI el Papa en quien se cumplan estas profecías. Estando en Roma en el año 1139, San Malaquías tuvo una revelación sobre la sucesión de romanos pontífices desde Inocencio II hasta el último Papa de los tiempos actuales. La profecía está compuesta de lemas descriptivos correspondientes a cada uno de esos 112 Papas. Los lemas pueden referirse a un símbolo de su país de origen, a su nombre, a su escudo de familia, o a alguna característica de su pontificado o de su vida. Los últimos Papas fueron: 108: "Flos florum" (Flor de las flores) Pablo VI. Su escudo contenía una flor de lis, "flor de las flores". 109: "De medietate Lunae" (De la Media Luna) Juan Pablo I. Nació en la diócesis de Belluno, conocida como de bella luna. 110: "De labore solis" (Del eclipse del sol) Juan Pablo II. El día de su nacimiento y el día de su muerte hubieron eclipses de sol. 111: "Gloria Olivae" (La gloria del olivo) Benedicto XVI. Tomó su nombre de San Benito. Los monjes benedictinos, conocidos como olivetanos, tienen ramas de oliva en su heráldica. Falta solo un Papa en la lista: 112: "Petrus Romanus" (Pedro Romano) Será el último Papa que gobierne la Iglesia desde Roma y durante la Gran Tribulación, inmediatamente antes de que acontezca el Retorno de Cristo. El número 112 es del todo particular pues, a diferencia de los demás, es el único que lleva un párrafo descriptivo además del lema: "En la persecución final contra la Santa Iglesia Romana reinará Pedro Romano, quien pastoreará a su grey en medio de muchas tribulaciones. Después de esto, la ciudad de las siete colinas será destruida y el Juez justo volverá para juzgar a su pueblo". El hecho de que “Pedro Romano” sea el último Papa de los tiempos actuales no quiere decir que la Iglesia se vaya a acabar sino que, después de la Parusía y durante el milenio del Reino de Cristo en la Tierra, el papado será ejercido nuevamente desde Jerusalén, como fue al inicio de la Iglesia. Cuando venga el cisma en Roma, al inicio no será fácil reconocer cuál es el Papa legítimo. Los cardenales liberales sostendrán que es su candidato, y los cardenales conservadores defenderán la legitimidad del suyo. Será necesario ir escuchar y leer lo que ambos predican y escriben. El Papa legítimo proclamará la maternidad divina de María, y su papel como corredentora con Cristo, así como su desempeño como medianera de todas las gracias. Propondrá el rezo del Rosario, proclamará la presencia de Cristo en la Eucaristía. Mantendrá la disciplina sacerdotal y se esforzará por custodiar la Tradición. El antipapa propondrá modernizar la Iglesia y hacerla aceptable al mundo, cambiando la Tradición y la disciplina, negando lo esencial para estrechar lazos ecuménicos con las otras religiones y credos. Aceptará un nuevo tipo de salvación del hombre procedente de seres extraterrestres, apoyará la contracepción y la unión homosexual. Será un líder con el que estarán felices la mayoría de los católicos por su modernismo y su deseo de adaptación a los criterios mundanos. Escribió el P. Leonardo Castellani: “Cuando la estructura temporal de la Iglesia pierda la efusión del Espíritu, y la religión adulterada se convierta en la Gran Ramera, entonces aparecerá el Hombre de Pecado (el Anticristo) y su Falso Profeta, quien será a la vez como un Sumo Pontífice del Orbe, o bien tendrá a sus órdenes un falso Pontífice. Y matizó el P. Alfredo Sáenz: “No que la Iglesia perderá la fe, pero sí se verá gravemente afectada. Todas las energías del demonio estarán concentradas en pervertir lo que es específicamente religioso. Al demonio no le interesa matar, sino corromper, envenenar, falsificar” La pseudo-Iglesia ó contra-Iglesia, predicará la democracia, la solidaridad, la tolerancia, la hermandad universal, convirtiéndose casi en una nueva religión. Castellani opina que la advertencia a la Iglesia de Laodicea, por su indiferencia e infidelidad en la postrera época de la Iglesia, corresponde a la “gran apostasía” anunciada por San Pablo y por Jesús mismo. Por suerte, cuando habla del castigo dice “comenzaré a vomitarte” (Ap 3, 16), lo cual implica que el vómito o rechazo por parte de Dios no se consumará. Los que resistan y hagan penitencia se salvarán. Será la época de la parábola de la cizaña. Cuando llega el tiempo de la siega, es cuando la cizaña se parece más al trigo. Precisamente ese es el papel encomendado al Falso Profeta, que será un gran colaborador del antipapa. El Apocalipsis nos muestra el Templo profanado, no destruido. La religión se mantendrá, pero adulterada; los dogmas serán vaciados de su contenido y sustituidos por idolátricas doctrinas. El Templo perdurará porque no hay que destruirlo, servirá para que allí se siente el Anticristo “haciéndose adorar como Dios” (2 Tes 2, 4). Es la abominable desolación anunciada por Daniel (Dn 9, 27) y por Cristo (Mt 24, 15). Pero la corrupción de la Iglesia no será total. El pseudoprofeta logrará conculcar el atrio y las naves, pero el Tabernáculo o Sancta Sanctorum será preservado. La Iglesia falsificada se sumará al propósito de buscar el reino en este mundo, con los medios más eficaces, por ende los más satánicos. Es la tentación del reino milenario pero sin Cristo, un cristianismo expurgado de la Cruz y que prescinde de la Parusía. La unificación del mundo se realizará por el terror y por la mentira: el terror político del anticristo, y la mentira de la falsa religión, un cristianismo enteramente falsificado.